Reflexiones: Educar con los saberes en clave edificante

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Julio César Arboleda

Keywords

Educar, Saberes, Edificancia

Resumen

En este apartado reflexivo del número 13/2 de la Revista Boletín Redipe adelantamos algunas ideas de un próximo artículo relacionado con el tema.


Educar en la conciencia, proceso por el cual la educación nos permitiría asumir la existencia y la vida con mayoría de edad comprensivo edificante, como ciudadanos planetarios, es, paradójicamente, el menos desarrollado en la misma, siendo esta una de las razones de su extravío y vulnerabilidad. La reorientación de la educación pasa por comprometerse a fondo con la función de educar, de intervenir en la formación de conciencia plena, relevante para detener o ralentizar el deterioro de la vida en un mundo donde los intereses particulares priman sobre el bien común, el egoísmo sobre la fraternidad y la solidaridad.


El entramado vital del cual hace parte el hombre está cada vez más expuesto al azote del individualismo y la ambición, al torrente del Sí mismo, de las incomprensiones de naturaleza no sólo cognitiva, sino, sobre todo, intersubjetiva, valga decir del otro, del semejante singular si se prefiere, y también aquellas de orden edificante, de la vida como complejo integrado e interdependiente de humanos y no humanos. El crecimiento de tales incomprensiones implica a la educación, profundiza sus deudas insondables con la vida. He ahí lo imperioso de educar en la formación de conciencia que fluya con la vida interconectada. Justamente ahí reside el extravío de nuestra educación, por el hecho de soslayar la función de educar.


Sabido es que aprender, conocer, enseñar y educar son procesos fundamentales en la acción educativa y pedagógica. No obstante, se suele pasar por alto que este último se presenta de manera difusa en las mismas, de forma velada en el currículo, inexplícito en la didáctica. No se educa en la formación de conciencia: generalmente la función de educar se asume de modo adoctrinante, invasivo, y los demás procesos de manera técnica, si se estima, incorpórea. La enseñanza y el aprendizaje son importantes para fortalecer conocimientos, pero en el caso de la virtud, por ejemplo, ésta, según Arendt2 , no se enseña, y cuando se pretende enseñar los hábitos y las costumbres, “conocemos demasiado bien la rapidez con que se desaprenden y olvidan cuando una circunstancia nueva exige un cambio en las costumbres y pautas de conducta” (op cit). Siendo así, no podemos seguir ignorando y dilatando el compromiso de restablecer en la educación el proceso de educar, en particular en la formación de consciencia propia y edificante, y de insertar los procesos educativos en esta función.


Uno podría comprender la heterogenidad de lo social, del mundo, del ser humano y de la vida, y desarrollar consciencia reflexiva de otredad. Sin embargo, otra cuestión es asumirlas, gravitar con ellas sobre la existencia no sin sentimiento de alteridad ética, no sin comprensión sentiente, responsable, edificante, de acogencia, respeto y cultivo de la comunidad, del otro y de lo otro (las cosas), del vínculo inescindible entre la vida humana y no humana.


Es preciso reconocer que no basta con apropiar y comunicar un conocimiento, un saber, sino además educar con estos, provocar consciencia comprensiva, ante todo comprensiones que nos permitan no solo apropiar, esclarecer y fortalecer conocimiento y saber sino, además, edificar con estos, es decir colocarlos en función de la vida integrada.


Urge Educar con los saberes, valga decir volcar la acción educativa y pedagógica hacia la formación de consciencia amplia, racional y no racional, una consciencia comprensiva no solo cognitiva y crítica, sino también intersubjetiva (comprensión humana, del otro), y sobre todo una conciencia comprensiva -- tan necesaria en este mundo dominado por la sed de expansión económica, política, territorial y demás, de dominio a expensas del otro, de la naturaleza y la vida -- cósmica: comprensiones edificantes que nos muevan a cuidar, con responsabilidad ética, tanto del otro como de lo otro, a asumir una ética para el bien-estar, para la vida entrelazada.


La Pedagogía de la comprensión edificadora (PCE) pone de presente la insuficiencia de comunicar y enseñar saberes, y propende porque estos procesos eduquen: provoquen reflexiones generativas y edificantes, consciencia multidimensional que permita comprender y situar las comprensiones en el espacio de la vida; comprensiones éticas por las cuales fluyamos como coexistentes responsables que evolucionan como personas edificantes al conectar en sus relaciones razón y corazón; como seres “ótricos” que superan el ensimismamiento acogiendo al otro y lo otro, como tejedores, co-razonadores del complejo existencial.


En este punto la PCE aporta a la educación reflexiones y propuestas conceptuales y estratégicas para enfrentar las incomprensiones por las cuales ahondamos el abismo de la oscuridad desde el cual nos abandonamos a la suerte del ser, a una existencia sin presencia, sin la potencia del estar, de re-existir, de conectarse con la vida, poderosamente invadidos, agregados y controlados para seguir siendo espectadores pasivos de su vulnerabilidad y precariedad, de la banalización de la agresión y erosión de la vida.


Como perspectiva pedagógica, didáctica y discursiva la comprensión edificadora está en la vía de las apuestas culturales por un mundo de mundos mejor, respetuoso de la vida común; en la marcha de potenciar y usar nuestros conocimientos, saberes y comprensiones con sentimiento y actitud edificante y no erosiva, en todo caso vislumbrando y protagonizando caminos que podamos vivir siendo mejores humanos, donde las diferencias y conflictos que se manifiestan en la existencia no se resuelvan de modo nocivo -- con una agresión tal, que no pocas veces raya con la crueldad física o sicológica--, sino con mayoría de edad vinculante, si se quiere biocéntrica, para la vida interdependiente, y por la cual nos asumamos como coexistentes responsables y respetuosos del otro y de lo otro, personas con potenciales cognitivos, reflexivos, afectivos y actuantes, entre otros, para el cultivo de sí mismas, de comunidad, del tejido de vida entrelazada, del plexo existencial.


La conciencia localizada en la razón y la reflexión no es suficiente para enfrentar el yo, la mismidad y respirar el aire de la vida integrada; es preciso ganar presencia edificante en la coexistencia.


He ahí uno de los grandes desafíos que le esperan a la institucionalidad educativa para asumir la función de educar y abrazar la vida.


 


2 Arendt, A. (1.978). Introducción a “El pensamiento”, en: “La vida del espíritu” (1978),

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